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Las Antillas, enmarcadas en una tierra de frontera sin límites como es el Caribe, fueron consideradas el antemural de Tierra Firme, plataforma para la conquista del continente y lugares de recalada de los barcos procedentes de Europa o de otras latitudes. En su calidad de emplazamientos clave para dominar el comercio atlántico, estas islas fueron núcleo estratégico de la rivalidad colonial y piezas de intercambio de las potencias europeas, además de adquirir un inmenso valor una vez que se probó la rentabilidad de sus tierras. Sus condiciones geográficas y medioambientales pronto las convirtieron en espacios productores de ciertos alimentos muy demandados en Europa: azúcar, café, tabaco, algodón, jengibre o cacao.